revisar los errores, transformarlos en aprendizaje, reenfocar el rumbo y
usar mejor tu tiempo de vida.
En mi caso, la Patricia de 55 abrazaría a la de 25 y le diría:
«Divertite más; disfrutá más; no le dediques tanta energía a lo que no nutre; andate a vivir al exterior por lo menos 2 años; comenzá YA a meditar».
Creo que la Patricia de 2035 me querrá decir: «Reconocé más todo lo que venís logrando; seguí comiendo sin gluten ni azúcar; hacé más ejercicio; conocé más a mucha más gente; meditá el triple».
Si sentís compartir tu insight, me encantará leerte en los comentarios.
Si el objetivo y la motivación están claros (el «qué» y el «para qué»), del resto se encarga la vida. Los peldaños específicos y todos los aprendizajes irán presentándose en una sucesión inteligente.
¿Qué hay del «cómo»?
El «cómo» contiene la clave para la felicidad.
Si nuestro objetivo no está claro, seremos como una hoja otoñal danzando al ritmo del viento.
Si nuestra motivación no está clara, o bien cambiaremos de objetivo repetidamente o abandonaremos pronta o fácilmente lo que nos propusimos.
Si tanto objetivo como motivación están bien definidos, no habrá tormenta ni huracán que nos cambie de rumbo.
¿Cómo sostenernos firmes, motivados y orientados a la vez que transcurrimos las vicisitudes del camino con un estado de bienestar interno?
La clave, según entiendo, yace en el “cómo”.
En el “cómo” transcurren nuestros días.
En el “cómo” viven nuestras relaciones interpersonales.
En el “cómo” se despliegan o se encarcelan nuestras posibilidades.
En el “cómo” nos habitamos a nosotros mismos y vivimos la aventura de nuestra existencia humana.
Desde el punto de partida hasta lograr el objetivo será el “cómo” el que determinará la cualidad de la experiencia.
🟣 El “cómo” contiene la clave para la felicidad… sin ápice de dudas merece toda nuestra atención.
Como dijo Buda: «No se trata del objeto; se trata de la relación con el objeto».
Con mi mejor intención, Pat — (Nota al pie: Escrito sin IA, porque disfruto la instancia de pensar, sentir y escribir).
¿Tú empezarías por procurar la externa o la interna?
Según veo las cosas, es un interjuego entre las dos. A veces conviene ocuparse de ambas al mismo tiempo, pero otras veces solo podemos con una de ellas por vez. Sin embargo, lo que avancemos en una se nota en la otra.
Este tema tiene una profundidad y expansión maravillosas, porque si bien a simple vista parece muy sencillo, al momento de llevarlo a la práctica se abren mil caminos y desafíos.
A los Coaches nos encantan las preguntas. Así que propongo algunas:
¿Qué necesito que haya en el exterior para sentir un poco más de paz?
¿Qué de eso está bajo mi control?
¿Cómo puedo encontrar paz en relación a lo que está fuera de mi control?
Cuando estoy a solas y no hay nada especial ocurriendo a mi alrededor, ¿siento paz?
¿Qué gesto interno me conecta con la paz en mi interior?
¿A dónde puedo llevar mi atención para sentir más paz?
¿Cómo puedo sostener el estado interno de paz cuando exteriormente hay algún conflicto?
Este asunto es mi «top favorite» en esta existencia humana.
No lo tengo dominado… es de los que me desafía. ¡Haberme visto hace pocas horas en el consultorio del dentista! Aunque estaba anestesiada y era seguro que no tendría dolor, me pasé toda la sesión tratando de aflojar los hombros y las manos sin ningún tipo de éxito. Sinceramente, que sea tan difícil lo hace más fascinante.
Comparto algunos aspectos en los que me sirve detenerme:
Si uno quiere sentir paz interna, tiene que aprender a generar paz interna.
Uno puede seguir sugerencias pero el paso decisivo lo da uno mismo, y es personal.
Si uno quiere sentir paz, tiene que poner foco en generar paz.
La aceptación de la realidad es una buena puerta. La mejor.
La generación de la paz se da a través de los pensamientos, las acciones y las palabras.
Todo obstáculo es un regalo que nos fuerza a parar, observar, evaluar, decidir y hacer algo diferente.
En la búsqueda de cómo vivir en paz se da un autoconocimiento muy importante.
Cada pequeño logro en este sentido es ma-ra-vi-llo-so.
Cuando hablo, ¿estoy comunicando y creando un puente con el otro?
¿O estoy utilizando la palabra como válvula de escape para aliviar tensiones?
¿O estoy utilizando la palabra para manipular y lograr algo del otro?
Cuando hablo ¿estoy haciendo el bien o estoy haciendo daño?
La sociedad se encarga de que nuestras acciones no sean muy horribles, y por lo tanto solemos comportarnos, pero ¿cuánto cuidamos no hacer daño con las palabras?
Una sola palabra u oración puede elevar o derrumbar la autoestima de una persona. Una sola palabra u oración puede plantar la semilla del entusiasmo o del miedo en otro ser. Una sola palabra u oración puede influir en el estado anímico y las posteriores tomas de decisiones de otra persona. Una sola palabra u oración puede incidir positiva o negativamente en el presente y futuro del otro. Me atrevo a decir, que inclusive puede significar la vida o la muerte, llegado el caso.
¿Cotidianamente somos suficientemente conscientes de la responsabilidad que manejamos al emitir palabras u opiniones?
Por un lado hoy quiero traer a nuestra atención (la mía también, claro está) el bien y el daño que podemos causar con palabras, pero también otro aspecto:
¿Qué es lo más valioso que todos tenemos en la vida, además del oxígeno?
En mi opinión es el tiempo de vida. Es finito. No sabemos cuándo se termina, pero se termina.
En ese marco limitado queremos atender nuestras obligaciones y prestar atención a nosotros mismos (salud, hobbies, descanso, etc.).
Cuando hablamos con otra persona estamos utilizando lo más sagrado que esa persona tiene y sería bueno considerar si la inversión de tiempo y energía que esa persona está haciendo al escucharnos es valiosa o no lo es. La evaluación depende 100% de cuán egocéntricos, amorosos o compasivos sean el motivo y el objetivo de esa comunicación.
La forma de la comunicación juega un papel importante, claro está, pero no si no está en conjunción con la motivación compasiva. Alguien puede ser muy amable y cuidadoso en su tono y palabras pero si eso no proviene de un cuidado e interés auténtico, el que escucha percibe que está hablando con un manual de comunicación asertiva o con un punteo de buenos modales comunicativos. Se siente claramente cuando no es una comunicación auténtica… y supongo que coincidimos en que es muy molesto.
Para no hacer este artículo muy largo, terminaré proponiendo cuestionarnos lo siguiente antes de hablar:
¿Qué decir?
¿Para qué? – Tener clara la respuesta a esta pregunta quizás sea lo más importante.
¿Cómo?
¿Por cuánto tiempo?
¿Qué creo que generaré en el otro? ¿Qué no quiero generar en el otro? ¿Cómo lo voy a monitorear?
Dicho así puede sonar algo complejo, pero si lo integramos como hábito, lo haremos naturalmente y sin dificultad.
¿Estás de acuerdo o en desacuerdo con algunas de estas ideas?
Se puede meditar para entrar en algún estado alterado de conciencia (algún tipo de sensación extraordinaria, por ejemplo) o se puede meditar con la curiosidad de conocer la verdad (qué somos, qué es la vida, de qué se trata todo esto). No es que la primera esté mal, y de hecho ocurre, pero medito para lo segundo.
Aquí comparto esta propuesta, que tiene un potencial enorme.
En actitud meditativa (o sea, con actitud curiosa y abierta a descubrir algo nuevo):
1) Observa el ritmo del tiempo, el pasaje del tiempo.
2) Luego observa este instante.
Como toda indagación meditativa, se beneficia de unos minutos previos de calma mental.
Como a toda práctica de meditación, conviene repetirla.
Una vez más, vuelvo a la respiración. No porque sea un tema nuevo sino porque es una herramienta que todos tenemos a disposición y que se nos olvida aprovechar.
Sea cual sea tu desafío del momento (laboral, familiar, de salud, etc.), el ingrediente «paz» es vital. No necesito explicarte eso pero resumámoslo por simple consistencia narrativa: la toma de decisiones, las conversaciones definitorias, la conexión de ideas o la creatividad resolutiva es mil veces mejor si parte de la calma que de cualquier otro punto en el espectro de las emociones.
Entonces, vale la pena que investiguemos cómo encontrar paz.
Al contrario de lo que muchos piensan, no es complejo, ni es un recurso de unos pocos.
¡La puerta a la paz está en tus narices!
(By the way: ¿cuántas narices tienes tú? Si solo tienes una, tranquil@, está en esa).
Hay muchas formas de llevar la atención a la respiración y calmar la mente pero hoy te traigo mi favorita:
Observar cómo inspiro y cómo espiro.
3 tips para sacarle el máximo provecho:
1) Toma cada respiración como tu foco de atención único. Luego vas a la siguiente pero de eso te ocupas cuando llegue la siguiente.
2) No busques cambiar la forma en que respiras sino solo conocer la forma en que respiras, y la forma en que respiras, y la forma en que respiras (en cada ocurrencia de respiración).
3) No razones mucho. Buscamos la experiencia directa de contacto entre tu atención y tu respiración. Cuantos más conceptos agregues, más te alejas de la experiencia directa.
¿Qué puedes esperar de este ejercicio tan simple?
Sentir paz.
¿Cómo es que no vivimos todos permanentemente en plena paz si es tan sencillo?
Porque le otorgamos más atención al mundo exterior (interacciones y experiencias sensoriales) que al contacto con nosotros mismos. Además, no se trata únicamente de cantidad de atención sino también de calidad de atención. Con el exterior tendemos a la «fusión cognitiva», que quiere decir que nos sentimos unificados con lo externo.
Con nosotros mismos obviamente somos uno (¡bueno sería que no!) pero con la característica de que nos cuesta más percibirnos. De hecho de esa dificultad que tenemos para percibir nuestro verdadero «Yo» parte la construcción del ego, ese ejercicio de imaginación absolutamente asombroso. Pero no entremos ahí, ese es tema para otro artículo.
La invitación de hoy es simple: observa con toda atención cómo inspiras y cómo espiras. Un ciclo a la vez.
Puede que cuando comiences a atender a tu respiración notes que la respiración es corta, entrecortada o temerosa. No busques cambiarla pero nota cómo cambia con la atención, volviéndose más profunda, abundante y fluida. No tardarás en sentir paz.
Desde ahí, ¡adelante! Con esa base, todo lo que hagas con tu habla, cuerpo o mente estará mejor alineado con el bien mayor de todos los involucrados en la situación.
Por último, notemos lo más obvio (y veamos todo lo que nos aporta): la vida consiste en una sucesión finita de inspiraciones y espiraciones.
Los humanos vivimos en un mundo imaginado. ¿Qué tal si nuestros conceptos influyen tanto en la interpretación de nuestra percepción que lo que nos parece real no lo fuera tanto?
Eso significaría que nos estamos perdiendo la realidad tal cual es.
Comparto acá uno de mis «viajes», por si alguien no lo ha experimentado aún y quiere hacerlo.
En un contexto natural (parque, rambla, playa, bosque, montaña, río, etc.) nos sentamos y relajamos un poco el cuerpo.
Llevamos la atención a la respiración y no nos enganchamos con los pensamientos, de manera que vayan reduciéndose, separándose entre sí. Alcanza con que la actividad mental se reduzca un poco, no se necesita que se detenga por completo.
Fijamos la mirada a una distancia media (ni cerca ni lejos). La «apoyamos» en un punto, de manera relajada, sin tensión. NO movemos los ojos (yo pestañeo… pero si puedes no pestañar, mejor aún) y dejamos el cuerpo quieto (y relajado).
Soltamos los nombres, las etiquetas, el relato de lo que estamos viviendo o percibiendo. Simplemente percibimos con los sentidos y nos entregamos a la experiencia.
Antes o después pasarás a ser uno con lo que te rodea. Pero uno, uno. Cero separación. Lo mismo. Sin pizca de dudas.
La primera (y quizás segunda) vez puede darte un poco de miedo. Solo por ser desconocido, nada más. Atraviesa cualquier temor con la curiosidad de qué hay más allá de él.
En materia de miedos está bueno hacerlos competir entre sí. En mi caso, cualquier miedo en una experiencia meditativa o similar es superado por lo que reza aquella frase del tema «Quebrado», de Pedro Aznar: «Miedo de morir 🎵 antes de saber vivir».
Puedes tener experiencia meditando o no tenerla. Si sientes que te haría bien bajar el ritmo y rencontrar tu centro, aquí tienes una oportunidad (técnicamente tienes dos).
Juntos pondremos calma en nuestro espacio interno.
Para participar, mandar mensaje con 8 horas de anticipación. Por aquí, por Instagram o por Whatsapp.
Se trata de decidir encontrar el bienestar, de estar bien con uno mismo a través de conocer lo que ya tenemos a nuestra disposición.
Hoy empiezo un curso de Excel Avanzado. What?? Sip. Es que:
Nuestros límites son imaginarios. Si bien parecen muy firmes solo se sostienen con nuestras creencias.
¿Qué son las creencias? Pensamientos a los que les hemos dedicado una atención extra y los hemos sostenido dándoles el valor de verdad… a pesar de que son solo posibilidades.
¿Cuántos pensamientos hay acerca de un mismo objeto o fenómeno? Coincidiremos en que un número tan alto que podríamos decir que tiende a infinito.
Las fotos de la imagen, que fueron tomadas desde la ventana de mi apartamento en el barrio Cordón, se me antojan una buena metáfora para lo que hoy expreso aquí.
Cuando aprendí a usar Photoshop cada foto se transformó en un banco de posibilidades visuales infinitas. Abrirme a él me otorgó la posibilidad de ilustrar conceptos abstractos o evocar ciertos sentires, que le agrega valor a mis convocatorias. ¿Lo hice para eso? La verdad que no. Lo hice por simple curiosidad y me abrió un mundo.
Hoy me permito sumergirme en el mundo de otro programa. A priori, desde la ignorancia, parece frío y aburrido: «Excel Avanzado»… oh, my God. Pero eso proviene del marco reducido al espacio demarcado por mis creencias hasta hoy, que son un puñado de las infinitas posibilidades que tengo a mi disposición.
Hoy me permito extender el diámetro de mi círculo de creencias y de mi zona de confort para descubrir lo que haya en la zona de aprendizaje.
Para no entrar en la zona de pánico me recuerdo que el aprendizaje siempre nutre y que el estado de paz interna está siempre a mi disposición, así como tantas y tantas posibilidades que la vida con tanta generosidad otorga.
La pregunta es: ¿me las permito? ¿En qué áreas me las permito más y en qué áreas menos?
Si vas a meditar con la misma perspectiva con la que te identificas con tu ego, …ya sabes hasta dónde llegará tu indagación.
El elemento imprescindible en una meditación potencialmente efectiva es la curiosidad dispuesta a soltar el pensamiento.
Hay razones por las que algunas personas meditan durante años y no notan grandes logros y otras personas llegan a conocer su verdadera naturaleza con un «esfuerzo» mucho menor.
La curiosidad es esencial porque la actividad meditativa es en realidad la investigación curiosa de uno mismo.
La curiosidad es el combustible principal de la atención y de la constancia, otros dos elementos básicos sin los cuales la autoindagación meditativa se queda muy en la orilla.
¿Qué nos hace meditar? Querer conocernos mejor, querer saber más acerca de nuestra naturaleza, encontrar el sentido profundo de la vida y continuar esta experiencia de ser un ser humano desde un lugar de presencia y claridad. Si no tengo curiosidad, ni empiezo. O empiezo pero no insisto. Y… se necesita insistencia, lo sabemos.
La próxima vez que te sientes a meditar conecta explícitamente con tu curiosidad. Recurre a ella durante tu práctica. A partir de ahí verás cómo tu atención se sostiene más firme, lo cual ayudará a que conozcas más y mejor lo que atiendas o contemples en tu meditación.
Hay leyes naturales que tienen el potencial de cambiarte toda la experiencia. La impermanencia es una de ellas.
Estas imágenes son todas del atardecer de hoy (9/4/25). Tremenda muestra de cómo NO se nos oculta la impermanencia. Está siempre muy visible para quien quiera verla.
La pregunta que me hago hoy es «¿para qué hacemos de cuenta que no existe?»
En el esfuerzo por tapar lo evidente, nos perdemos la realidad, que está muy bien pero a la que por alguna razón le tememos.
¿Existe más libertad posible que vivir en una forma, contexto y ambiente que cambia permanentemente?
Veamos que solo por confusión le ponemos una etiqueta de permanente a lo que a todas luces es impermanente. El esfuerzo que conlleva sostener tamaño autoengaño es gigante pero eso no es lo más triste. Lo más triste es cómo en el empecinamiento de volver lo cambiante estático nos perdemos de aprender a gozar del mundo en que vivimos, con las reglas del mundo en que vivimos.
¡Si es impermanente, vivámoslo desde ahí y veamos qué tal nos va! Mínimo sabemos que será bastante más relajado y menos contracturado.
Recibirás las alineaciones para poder canalizar Reiki
Comprenderás la importancia del camino de Reiki como camino espiritual
Aprenderás a hacerte un autotratamiento
Aprenderás a tratar a otros
Tendrás apoyo durante 21 días para tu autotratamiento
Si Reiki te atrae, elígelo. No permitas que se diluya esa atracción que viene de tu intuición.
Reiki hace bien para tu cuerpo, mente, emociones y espíritu.
Reiki es una excelente compañía para desafíos de salud o emocionales.
Reiki no es solo canalización de energía, es un camino espiritual (como todo camino espiritual tú eres quien decide cuánto lo caminas).
Reiki tiene el potencial para mejorarte la vida en todos los ámbitos de la existencia.
Si quieres iniciarte, mándame un mensaje y coordinamos una videollamada para conocernos y conversar si este es un buen momento para que tú te inicies y despejar cualquier duda que puedas tener antes de tomar la decisión.
Si aún no has recibido Reiki como paciente, entonces lo mejor es que antes de resolver iniciarte, recibas 4 tratamientos completos de Reiki.
Un tratamiento completo suele ser acostado en una camilla (completamente vestido). El terapeuta de Reiki canaliza energía dirigida hacia ti. El tratamiento dura entre 45 y 60 minutos. Si recibes 4 sesiones relativamente cercanas entre sí, Reiki va profundizando su efecto. Vas notando el cambio luego de cada una y luego de la cuarta tu nivel de bienestar suele ser muy notorio y muy profundo.
Con esto estoy proponiéndote librarnos del sufrimiento cotidiano que generamos al resistir aquello que no coincide exactamente con nuestros deseos.
La resistencia principal, la que ejercitamos más veces por día, es la mental.
Bajémoslo a tierra con un ejemplo de hoy:
Debía darme la vacuna antitetánica y soy muy cobarde para eso. Lo postergo todo lo posible y sufro infinitamente más de lo necesario pensando que no tengo ganas o imaginando cuánto me puede doler el brazo después. Exactamente hacía 2 meses que venía «dejándolo para mañana». ¡Ya es como si me hubiese dado 60 vacunas!
Hoy me abrí a decirle sí a la vacuna, a decirle sí al dolor potencial, y a decirle sí a hacer eso que no quería. Sentí un enorme alivio. No miento si digo que me torturó (y metafóricamente dolió) mucho más lo vivido en los últimos 60 días que la vacuna recibida (al menos hasta ahora, unas cuantas horas después, vengo muy bien).
Pero no solo sufrimos más de la cuenta con asuntos como ese, de alguna manera excepcionales, sino con muchísimos instantes que son de lo más comunes, cotidianos, que a menudo se repiten. Ante cualquier asunto que no salga exactamente como nos gustaría, generamos o un pensamiento de rechazo (rara vez es solo uno… es más una cadena de pensamientos) o una emoción desagradable… a la que le prestamos atención –a veces mucha– y la podemos encima adornar con un sentimiento de víctima y demás.
No me malentiendas: sí hay que intentar cambiar lo que se desee y pueda, sí hay que pararse frente a una injusticia y rebelarse, y demás. Pero hay un mundo de situaciones en las que aferrarnos al rechazo nos hace sufrir innecesariamente. Por supuesto estoy hablando de asuntos donde no esté comprometida nuestra integridad física u otro tipo de situaciones inaceptables.
Al hacer el ejercicio de decirle «sí» a eso que hubieras resistido, no te quedes con lo burdo. Busca las sutilezas de rechazo en tu cuerpo y en tu mente. Prueba a sustituir eso por aceptación. Prueba a decirle «sí» a este instante con todo lo que incluya.
Ante cada hecho del día en el que te descubras resistiendo, cambia el gesto interno de rechazo por el gesto interno de aceptación y fíjate qué tal.
Te prometo que con este click hay un «upgrade» de calidad de vida a tu disposición. Se puede decir, además, que es muy sencillo. Es un click interno que lo único que requiere es tu deseo de hacerlo y tu búsqueda interna para soltar la resistencia y abrirte a la vivencia con aceptación.
¿Te gustaría integrar un grupo pero no sabes bien cuál? ¡Pregúntame! Escríbeme y hasta podemos charlarlo con una videollamada.
Si tienes poco o nada de experiencia, haz el Taller de Introducción. Es un taller profundo y tremendamente transformador. Son 4 encuentros y 21 días de meditación. Tienes el apoyo del grupo para la práctica diaria, recibes el material escrito, también ejercicios grabados. Lo ofrezco desde el año 2009 y he visto su poder transformador.
Tengo muchas anécdotas, como por ejemplo la mujer joven que vino al segundo encuentro contando cómo pasó de dormir 3 minutos de sueño profundo por noche a 57 minutos en la primera semana de práctica. O alguien que tenía picos de presión y pasó a bajársela haciendo los ejercicios del taller. O varias personas que eligieron hacer el taller para mejorar los episodios de crisis de ansiedad y nunca más tuvieron uno.
Si ya tienes bastante experiencia practicando meditación solo (en principio no cuentan las meditaciones guiadas tomadas al azar de Youtube), entonces vente a las Prácticas de Meditación, que son súper personalizadas y maravillosas.
Si no te queda claro qué es mejor, escríbeme y coordinamos una llamadita para charlarlo.
Saludos, Patricia Schiavone Cel de contacto: 099708674
PS: Los encuentros son en barrio Cordón, Montevideo.